PROBAR ALGO DISTINTO
Tengo 55 años y hace unos 14 empecé a distinguir lo que implicaron mis creencias económicas y productivas; lo que nos enseñan, más allá de dónde vivas y te eduques.
Me refiero a las maneras de comprender la Economía, el esfuerzo, las clases sociales, las fallas ajenas, el éxito.
Fue entonces cuando supe algo incómodo: nada de eso fue inocente para quienes trabajaron conmigo y/o estuvieron cerca mío.
Con 18 años me enviaron a Alemania para formarme como ingeniero industrial; viví seis años en Berlín. Regresé y durante 20 años hice lo que hacemos muchos al trabajar con otros: emprender, dirigir, decidir y sostener estructuras sin preguntarnos demasiado qué producen en los demás.
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Repetir lo aprendido,
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defender modelos,
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perseguir resultados,
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creernos salvadores,
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y legitimar formas de producción profundamente discriminantes.
Creí en mi liderazgo, la meritocracia, la resiliencia, la innovación. Nunca me enseñaron a preguntar a quién benefician y a quién dejan afuera. Este fue un aprendizaje doloroso para mi vieja comprensión de la Economía, el Desarrollo Humano: el problema no es solo que algo no funcione, sino para quienes sí funciona.
Todo comenzó a encajar: empecé a relacionar estos asuntos con los rechazos en nuestra línea de producción, con los conflictos cotidianos y con los ambientes de trabajo «buenamente» encuestados. Sí, había algo que igual desorganizaba en silencio.
El Progreso no alcanza y empiezo a preguntarme si alguna vez estuvo pensado para todos.
Estoy revisando lo que me construyó: mis ideas, mis privilegios, mis justificaciones, mis silencios. Intento mirar aquello que el mundo del Trabajo, la Economía y las Organizaciones prefieren no conversar, porque cuando ciertas preguntas aparecen, todo se bloquea.
Me interesa pensar lo que incomoda: qué partes de la realidad ocultamos cuando hablamos de mérito, del
medio ambiente, de la innovación o la cultura.
¿Qué privilegios sostengo y qué responsabilidades me corresponden desde hace tiempo? ¿Y qué tan preparados estamos para competir con visiones que ni siquiera nos representan?
Abordar estos temas junto a otros no es sencillo. De estas incomodidades también nació Sentir en el Trabajo (2022): un libro escrito desde la duda, la soledad y la necesidad de dejar de repetir lo que me enseñaron a defender sin haberlo comprendido del todo.
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